Por qué los tipos somos machistas y no lo asumimos
En 2014 escribí con bronca que “el femicidio, después de ser tipificado como delito, crece sin pausa. Los varones damos vergüenza”. Dos años después, la bronca mutó en tristeza. Ahora, a 12 años de aquel intento de toma de conciencia personal, insisto en explicar por qué, en un orden de prelación, los varones nos consideramos superiores y estamos convencidos de que nada malo hacemos hacia las mujeres, al punto de que matamos a una mujer cada 36 horas.
Y cada vez que un femicidio nos sacude por la cobertura en los medios, entonces justificamos que es culpa de la justicia o de la policía o de las mafias, de las barrasbravas y un sinfín de pretextos.
El problema es que todo esto que se menciona como sectores de facilitación para que ocurra un femicidio está dominado por varones o personas afines a la incultura machista que terminan conformando una red de complicidad que se extiende a los familiares y a las amistades. A esto el feminismo llama el patriarcado y, para escapar a los rótulos machistas, diría que es «el sistema» que funciona milenariamente, por lo que no lo sentimos y entendemos que es el orden «natural» de la vida.

Cuando Janet Zapata fue asesinada por su pareja varón, en septiembre de 2016. Comencé a entender que nada cambiará en tanto no demos señales claras de rechazo al flagelo y dejemos de comentar estas situaciones como si viéramos un espectáculo macabro por la tele.

Janet Zapata en 2014 tenía 29 años y era madre de una niña. La asesinó su pareja.
Por eso renuevo la postulación escrita en el título de este escrito.
¿Por qué los tipos somos machistas y no lo asumimos?
Porque podemos y estamos a gusto con eso aprendido. Porque ninguno de nosotros los varones se pone en los zapatos de la otra mitad de la Humanidad que son las mujeres y las diversidades (gente que piensa y siente distinto a lo que supuestamente debe ser lo correcto según los genitales que le tocaron en suerte).
Por qué no entendemos a las víctimas de nuestras violencias por género. Los lobos no entendemos a nuestras presas.
• Nosotros podemos caminar con ciertos temores por la calle, pero nunca sabremos lo que es sentirse observado por ojos de lobo hambriento.
• Nosotros nunca sabremos lo que es cruzarse de vereda para evitar una sombra amenazante que se mueve detrás nuestro.
• Nosotros difícilmente tememos que nos maten por celos.
• Por otro lado, están nuestras demandas. Por ejemplo: tenemos la necesidad de desear antes de mirar. O sea, no vemos a las mujeres, más bien olemos a las hembras.
• Somos dominantes porque somos básicos y eso es una gran ventaja para nosotros, porque vamos directo al grano y no nos hacemos mucho problema porque el mundo es de los prácticos y los que sufren son los débiles.
• Además de las congénitas débiles féminas, hay que contar en esta fauna a niños, niñas, ancianos, personas con discapacidad, hasta homosexuales y cualquiera que tenga alguna limitación que nos signifique un escollo, y que por “necesidad” zoológica deberemos ignorar o, en el extremo, suprimir.
• La idea de matar hasta la muerte es nuestro sueño orgásmico por la impotencia que experimentamos al ser rechazados por alguien que, según me enseñaron de tiempos ancestrales, salió de nuestras propias costillas.
«Así somos los tipos. A esta altura ya no me pregunto qué nos pasa, como hace dos años. Para este tiempo ya acepté que no nos pasa nada, sino que todos los que no son tipos como nosotros, son elementos que nos pueden ser útiles y descartables a la vez», dije hace 10 años.
Los tipos no nacimos para comprender a las “otras”, también escribí en 2016. Pero hoy me lo vuelvo a plantear gracias a esas «otras» que me lo han preguntado: ¿Qué hacés vos para que esto cambie? Si no hago nada entonces soy parte de la omertá (el pacto del silencio cómplice).
Entonces tenemos que hablar entre machos varones. Para saber por qué hacemos todo esto, por qué somos así. Ya hay algunos pocos varones que lo están haciendo para cambiar sus vidas, para ser humanos y menos lobos hambientos.
